Una mañana con niebla, paseo por los acantilados. Veo una piedra y me imagino un cubo: solo las aristas, deslizándose sobre un bloque de granito erosionado por los vientos marinos. Lo capturo con una cámara Canon digital de los años 2000, de aluminio; después, represento el cubo con un programa de generación de imágenes.
No me interesa construir una masa ni colocar un objeto sobre el paisaje. Me interesa retirar materia, dejar únicamente la arista, el límite mínimo de una forma que ya no encierra nada. Representar el interior enfrentado al exterior en una constante desnudez.
Gritan los días.
En un acto de desvanecimiento, por la erosión de la niebla y la vitalidad del paisaje, las barandillas vibran al deslizar el vacío sobre la piedra. Su frágil estructura oscila hasta casi desaparecer.
Sobre la Niebla
Donde el sonido es la única forma de abrir un espacio.
El cubo no está plenamente fijado al suelo. Se desliza sobre la piedra. Al moverse, produce un chirrido. Margarita dice: “El sonido abre el espacio”. Y en ese contacto, la escultura deja de ser solamente un punto de vista.
Entonces la piedra puede ser niebla.